Madrid.- Tres personas han sido imputadas por la muerte, el pasado mes de febrero, de la familia de Alcalá de Guadaíra a causa de la inhalación de un gas tóxico, la fosfina. Según la policía, tres son los responsables penales de la tragedia, tratándose de una empresa de gestión de residuos y una chatarrería.

Enrique Caño, de 61 años, su esposa Concepción de 51 y la hija mayor, de 14, fueron encontrados muertos en su piso por la inhalación de un gas tóxico conocido como Fosfina, que se almacenaba en unos tapones que la familia guardaba en su domicilio. El contacto de dicho gas con la humedad resulto determinante para que los miembros familiares fallecieran. Antes de ser conocedoras de este hecho, las fuerzas policiales barajaron varias hipótesis, como la intoxicación alimenticia.

Los tapones llegaron a manos de Enrique después de que una empresa de gestión de residuos entregará a una chatarrería dichos tapones, previsiblemente a cambio de dinero. Esta chatarrería pagaba con estos tapones a cambio de chatarra, la cual Enrique tuvo que vender dada la mala situación económica que vivían.

Análisis de American Pest Control

Pablo Martínez Peña, colaborador de American Pest Control, analizó a las cámaras de Antena 3 Televisión la situación acaecida el pasado mes de diciembre. La noticia fue colgada el pasado mes de febrero y se recalcaba la importancia de tener un control constante y fundamental de estos productos dañinos para la salud humana. La fosfina es un gas fumigante que necesita de diversos controles dada su toxicidad, convirtiéndose en un peligro lejos de manos experimentadas.

Este es el video del programa A Fondo de Antena 3 donde Pablo Martínez Peña advierte de la necesidad de que estos productos sean controlados por especialistas. «El fosfuro de aluminio que acabó con la vida de esta familia, solo puede ser manipulado por personas con licencias y carnets especiales», explicó el ingeniero.